dilluns, de juny 07, 2010

Primera Vez

Eran más o menos las 10:15 de la mañana. Estábamos sentadas juntas en unas de las mesas del aula de plástica y comentábamos nuestros fines de semana. Me sorprendió lo muy orgullosa que estaba de haber hecho aquello que ella misma pensaba hacer pasado mucho más tiempo. Con el orgullo asomando por todos los orificios de su piel, me dijo que no se arrepentía y que lo volvería a hacer:
- Todo sea para matar a ese capullo. - Dijo con rabia.
- Sí, se lo merece. ¿Pero estás segura de que era lo que querías? - pregunté.
- Claro. - contestó con indiferencia a la vez que se ponía la mano en la boca.
En una ocasión leí en un libro muy interesante, que los seres humanos cuando mentimos procuramos taparnos la cara, en este caso la boca, para impedir que la mentira pase por nuestros labios. Es una manera involuntaria de no hacer el mal. Aunque hay muchas personas que dominan el arte de la mentira desde muy pequeñas, pero no era su caso.
- ¿Y ahora qué?
- Pues hemos quedado el fin de semana que viene, para pasarlo juntos en su casa. Me quedaré a dormir.
- ¿ Y estaréis solos?
- No, con su hermano pero dice que no le importa.
A eso no pude ni contestar. Esa no era mi amiga.
- ¿Y qué haréis?
- Joder hija, pues follar, como todo el mundo hace. - contestó riéndose ante la expresión de mi rostro.
- No hace falta que seas tan expresiva, chica. - contesté, aún pasmada.
La semana pasó lenta y aburrida. Y aunque ella tenía ganas de pasarse el fin de semana con aquel chico, estaba asustada también, tanto, que me llamó el viernes por la tarde para que la tranquilizara.
- Tía, que me he convertido en un ataque de nervios, casi no puedo cerrar la mochila y me tiemblan las manos. - dijo, al otro lado del teléfono.
- Pues no vayas.
- Claro, lo llamo cuando lleva más de medio camino recorrido para venir a buscarme, y le digo, oye que no puedo que me apetece pero que mucho pero no puedo. ¿Eres tonta?
En ese preciso instante me estaba preguntando yo lo mismo, pero este caso preguntándome por ella. ¿Era tonta o qué carajos le pasaba? No la reconocía, no a ella.
- Pues ve, y haz lo que quieras hacer y nada por obligación, y si pasa algo, me llamas. - contesté, seria. Era mi amiga y lo último que quería era que la violaran o algo parecido.
- Hecho. Me voy. Un beso.
Obviamente no volví a acordarme de ella en todo el fin de semana, porque no era un problema de los míos ni se parecía a alguno que hubiera tenido, simplemente porque creía que no teníamos edad para tener ese tipo de problemas, por lo que lo ignoré y lo recordé el lunes por la mañana, cuando me vino con cara de satisfacción a contármelo.
- Dime, ¿Qué tal fue?
Cogió aire, y mientras sonreía y yo esperaba, entrábamos en el aula y nos sentábamos en nuestra mesa:
- Fue de lo mejor. Casi ni salimos del cuarto, es como una especie de máquina. ¿Sabes?
- Si, si, sé. ¿Qué más?
- Pues no lo sé, estuvimos los dos días haciéndolo sin parar y eso... Pero a decir verdad me siento un poco culpable por el otro chico...
- Explícate.
- Pues que creo que no se lo merecía del todo, y ahora que lo pienso lo hice por venganza más que para pasármelo bien.
- Bueno está bien que pienses eso, ¿Te arrepientes de haberlo hecho?
- ¡No! ¡Ni hablar! Me lo he pasado muy bien. - dijo, mientras volvía a poner su mano tapando gran parte de la boca.
- Muy bien, si es lo que tú crees, me vale.
Y seguimos prestándole atención al profesor.

dimecres, de juny 02, 2010

Me duele que estés lejos, me mata tenerte cerca y no estar contigo.

Tengo mucho, muchísimo que hacer, pero sin embargo no hago nada. Estaba sentada, junto a la ventana, como cada tarde, contemplando la gente pasar, repasando mi desastrosa vida y pensando en el futuro que me esperaba. No es que me gustara demasiado recordar aquellas hermosas tardes que pasé a su lado, siquiera puedo hacerlo. Me mata el alma y me perfora el corazón. Todo y eso seguía luchando por todo aquello en lo que creía, y eso me mantenía viva. Dejando que mis pupilas se pasearan a su antojo por el bello paseo que había frente a mi casa, me percaté de una feliz pareja que caminaban agarrados por la cintura. Parecían felices, bien que lo parecían. Me entraron tantas ganas de matarles que no pude seguir mirándoles, por lo que me metí dentro de la casa y reanudé mis tareas.
Decidí dejarlo cuando el bolígrafo que sostenía con la mano derecha, resbaló y cayó al suelo. Me dí cuenta de que por mucho que me esforzara y que por mucho que lo intentara, siempre acabaría fracasando tirada en el suelo, llorando y gritando. Más o menos como el bolígrafo me dejé caer en el suelo, y asombrosamente dormí plácidamente. Me desperté cuando el sol se había puesto ya, por lo que sabía que seguía sola en la casa. Intenté continuar de nuevo mis tareas, pero el esfuerzo fue en vano, ya que recordé a la feliz pareja. Me invadió la ira y en un ataque de ésta fui a la cocina. Mil lágrimas resbalaron por mis mejillas, al pensar lo que quería hacer, pero seguí adelante. Sabía exactamente el punto en el que me haría más daño, el que me libraría de todo aquello. Así que me armé de valor y con decisión cogí el arma y me lo planté en la muñeca, haciendo así un pequeño corte. Mis lágrimas aumentaron en tamaño y número, pero estaba ya tan presa de la locura y de la desesperación que ningún caso les hice, y continué clavando la filada cuchilla.
Empecé a sollozar ruidosamente, por lo que decidí que lo mejor era acabar con aquello de una vez y dejarme de tonterías y de sufrimiento inútil. Él no volvería y yo no lloraría más. Todos acabaríamos bien, el mundo se libraba de mí y yo me libraba de mí misma. Por lo que con el último aliento hinqué el cuchillo pasándolo fríamente por toda la muñeca. La brillante sangre brotó como si de una cascada de tratase, y mi cuerpo medio inconsciente cayó al suelo. Aún podía oír y ver. Podía escuchar como la muerte me soplaba en la nuca y como se acercaba cada vez más y más mi hora, hasta que un grito escuché.
- ¡No! - gritó desesperadamente una voz cercana a mí.
Puesto que ya estaba perdiendo la cabeza, creí que lo más lógico sería ver quién me había encontrado y quién lloraba ahora por mí.
Era él.
- ¡No! ¡Por favor, no!
En un acto desesperado cargó con mi cuerpo, y yo pude verle. Pude ver como miles de lágrimas caían desde sus preciosos ojos. Aquellos que me hipnotizaron un día, por aquellos que lloré. Ahora, los veía llorar a ellos y aunque lo deseé durante muchas noches, en ese momento me dolió verlos llorar. No quería verle sufrir. Todo y eso lo hice. Y allí quedaría para siempre.
- ¡Siempre te quise! ¡Nunca te dejé! - gritó, abrazándome la cabeza, colocándome en el suelo y en paralelo a su cuerpo.
Ahora nos veíamos las caras, los dos llorábamos. De mi brazo seguía saliendo sangre, pero ya no me importaba, era el fin, y no quería acabar llorando, así que en mi último aliento dije:
- Te quiero.
Y lo último que escuché, fue ''Yo también, pero no ha sido suficiente''. Y caí muerta en el frío suelo de la cocina.

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