- Todo sea para matar a ese capullo. - Dijo con rabia.
- Sí, se lo merece. ¿Pero estás segura de que era lo que querías? - pregunté.
- Claro. - contestó con indiferencia a la vez que se ponía la mano en la boca.
En una ocasión leí en un libro muy interesante, que los seres humanos cuando mentimos procuramos taparnos la cara, en este caso la boca, para impedir que la mentira pase por nuestros labios. Es una manera involuntaria de no hacer el mal. Aunque hay muchas personas que dominan el arte de la mentira desde muy pequeñas, pero no era su caso.
- ¿Y ahora qué?
- Pues hemos quedado el fin de semana que viene, para pasarlo juntos en su casa. Me quedaré a dormir.
- ¿ Y estaréis solos?
- No, con su hermano pero dice que no le importa.
A eso no pude ni contestar. Esa no era mi amiga.
- ¿Y qué haréis?
- Joder hija, pues follar, como todo el mundo hace. - contestó riéndose ante la expresión de mi rostro.
- No hace falta que seas tan expresiva, chica. - contesté, aún pasmada.
La semana pasó lenta y aburrida. Y aunque ella tenía ganas de pasarse el fin de semana con aquel chico, estaba asustada también, tanto, que me llamó el viernes por la tarde para que la tranquilizara.
- Tía, que me he convertido en un ataque de nervios, casi no puedo cerrar la mochila y me tiemblan las manos. - dijo, al otro lado del teléfono.
- Pues no vayas.
- Claro, lo llamo cuando lleva más de medio camino recorrido para venir a buscarme, y le digo, oye que no puedo que me apetece pero que mucho pero no puedo. ¿Eres tonta?
En ese preciso instante me estaba preguntando yo lo mismo, pero este caso preguntándome por ella. ¿Era tonta o qué carajos le pasaba? No la reconocía, no a ella.
- Pues ve, y haz lo que quieras hacer y nada por obligación, y si pasa algo, me llamas. - contesté, seria. Era mi amiga y lo último que quería era que la violaran o algo parecido.
- Hecho. Me voy. Un beso.
Obviamente no volví a acordarme de ella en todo el fin de semana, porque no era un problema de los míos ni se parecía a alguno que hubiera tenido, simplemente porque creía que no teníamos edad para tener ese tipo de problemas, por lo que lo ignoré y lo recordé el lunes por la mañana, cuando me vino con cara de satisfacción a contármelo.
- Dime, ¿Qué tal fue?
Cogió aire, y mientras sonreía y yo esperaba, entrábamos en el aula y nos sentábamos en nuestra mesa:
- Fue de lo mejor. Casi ni salimos del cuarto, es como una especie de máquina. ¿Sabes?
- Si, si, sé. ¿Qué más?
- Pues no lo sé, estuvimos los dos días haciéndolo sin parar y eso... Pero a decir verdad me siento un poco culpable por el otro chico...
- Explícate.
- Pues que creo que no se lo merecía del todo, y ahora que lo pienso lo hice por venganza más que para pasármelo bien.
- Bueno está bien que pienses eso, ¿Te arrepientes de haberlo hecho?
- ¡No! ¡Ni hablar! Me lo he pasado muy bien. - dijo, mientras volvía a poner su mano tapando gran parte de la boca.
- Muy bien, si es lo que tú crees, me vale.
Y seguimos prestándole atención al profesor.