No le quedaba mucho. Aquella chica sabía de sobras qual iba a ser su destino, pero como casi todo el mundo, ella se empeñaba en esquivarlo, en eludirlo, hasta que, como siempre, se le estampó en su propia cara. Muchos de nosotros hacemos lo mismo que ella. Esquivamos exitosamente un problema, pero luego, más tarde, espués de haber sido felices esquivándolo la verdad y el problema se estampan violentamente en tu cara, destrozándote toda la vida que habías creado a partir de eludir el problema. Lo pierdes todo; tus amigos, tus familiares, tus cosas... todo.
María, no pensaba que le pasaría eso. Ella era larga como ninguna, y muy hechada para adelante. Era de lo más espavilada y muy lista. Tenía mucho tacto, por eso era tan sensible. A la mínima que le decías algo, o que había algo que no le cuadraba o bien se hechaba a llorar o se ponía a gritar como una loca. María, tenía serios problemas en casa, eso hacía también que tubiera ese carácter tan suyo, tan especial. Nunca sabías por donde cojerla, ni sabías si iba a estar de buen o mal humor. Personalmente, para mí, María era una de las personas más difíciles de tratar de todas las que conocía.
Ella, a la vez, era un poco reservada. No hablaba mucho, pero cuando se ponía ha ayudarte lo daba todo. Es más, lo dió casi todo por mí, para luego clavarme la puñalada más dolorosa que me han clabado nunca. Quizás, cuando lo escriba deje de tener tanta importancia, por que para ser sincera, mucha importancia tampoco tiene. Es más el dolor que e sentido. La humillación. El no poder hacer nada. La maldita impotencia.
Se lo contaba todo, absolutamente todo, para que después ella me hiciera eso. ¿Qué hizo? Pedirle a la persona equivocada algo equivocado y absurdo.
Eso me a hecho canviar. Ahora ya no le cuento casi nada, todo y que es más o menos mi mejor amiga...
Y es que no hay nada que toque más la moral, que el no poder confiar ni en las personas que nos rodean día a día. Una se siente muy incómoda...