dijous, de desembre 24, 2009


Tenía que estudiar, pero no tenía tampoco muchas ganas, por lo que se puso a escuchar música, pensando. Pensó en cómo era. La verdad, su apariencia decía que era una chica muy dura y orgullosa. Parecía que tuviese la autoestima propia de una modelo, o de alguna famosa. Parecía que lo controlaba todo y que sabía salir de cualquier conflicto que se le plantara delante de sus narices, aparentaba incluso todo, más que su propia edad. Parecía que fuese muy madura y que fuera bastante creída. Se vestía como nadie. Tenía su propio estilo, vestía a su manera moderna e informal. Se maquillaba poco, lo justo, no le gustaba aparentar que tenía más que su edad. A decir verdad era bastante guapa. Tenía un pelo castaño muy bonito. En el verano cogía tímidos reflejos rubios, apenas de distinguían, pero allí estaban. Tenía el pelo ondulado. Los rizos de su cabello, parecía que se los hubiese hecho con una plancha, pero en realidad era su cabello natural. Esos rizos, parecidos a los de la ‘Bella Durmiente’ como decía su mamá, eran naturales, como ella misma. Debajo de ese pelo, debajo de ese escaso maquillaje y debajo de esa ropa sencilla, se encontraba una chica bastante tímida. Aparentaba mucho más de lo que era, sin embargo había días en los que encajaba a la perfección con su imagen. Para no engañarnos, esa chica era bastante rara. Tenía un carácter especial. Podía estar contenta y de un humor magnífico a estar tan cabreada, como para contestar mal a sus mejores amigos y familiares. Esa chica, por dentro, era un trozo de pan, y aunque parecía que tuviese mucho morro, que fuese ‘muy echada para adelante’ no lo era. Era bastante tímida y cortada. Una cobarde. No se atrevía ni hablar con el único chico al que ella había amado de verdad, al que, aún amaba como nada en el mundo. No se atrevía a mirarlo a la cara, porque sentía vergüenza, porque creía que no merecía mirar ese rostro, porque pensaba que la odiaba. Todo y eso lo hacía. Sin que él se diera cuenta, ella lo miraba tanto como podía, hasta que su vergüenza la hacía girar la cara, hasta que su vergüenza la hacía esconderse detrás de algún amigo que estuviese cerca. Daba tanta pena… era tan penosa… Simplemente intentaba aparentar, con su aspecto, alguien que no era, alguien que no se parecía nada a ella, y eso… podía con ella. Es más, había acabado con ella más de una vez. ¿Cómo? Cayéndosele toda la culpa encima, todas las penas y malos pensamientos, cayéndosele toda la vergüenza y humillación. Se daba asco a ella misma, y aunque aparentase que estaba bien, que no le pasaba nada, por dentro estaba hecha una completa mierda. Estaba rota y dividida, estaba herida y se sentía tonta, muy tonta.

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